La almorta es una de esas plantas que durante décadas estuvieron muy presentes en nuestros campos y que, sin embargo, hoy resultan casi desconocidas para muchos hortelanos. Lathyrus sativus, conocida también como tito, guija o muela en distintas zonas, es una leguminosa que sorprende por su rusticidad, su capacidad de adaptarse a condiciones difíciles y su importancia histórica como cultivo de subsistencia.
En España llegó a tener un papel muy importante en determinadas zonas rurales, especialmente en épocas de escasez. Su resistencia a condiciones adversas permitió que se cultivara allí donde otros cultivos podían tener más dificultades. De hecho, el propio Ministerio de Agricultura la recoge como una especie tradicional de gran interés dentro de nuestro patrimonio fitogenético.

Y precisamente por eso me apetecía probarla en La Huertina de Toni. En el vídeo que acompaña este artículo podéis ver todo el proceso: desde la preparación de las semillas y el terreno hasta la siembra, la germinación y el desarrollo de las primeras plantas.
Lo interesante de la almorta no es solamente que sea sencilla de cultivar. También nos permite recuperar una planta tradicional, conocer mejor la diversidad de nuestras legumbres y descubrir que en el huerto todavía hay muchos cultivos diferentes a los habituales tomates, pimientos, judías o guisantes.
Eso sí, existe una cuestión importante que debemos conocer antes de hablar de consumir sus semillas: la almorta contiene β-ODAP, un compuesto neurotóxico asociado al latirismo cuando se consume en grandes cantidades y de forma prolongada. Por eso, cultivar esta planta y conocerla es perfectamente compatible con hacerlo con responsabilidad, pero su consumo no debe plantearse como el de una legumbre cualquiera para comer habitualmente.
Vamos a ver cómo cultivarla.
¿Qué es exactamente la almorta?
La almorta pertenece a la familia de las leguminosas y su nombre científico es Lathyrus sativus L. Es una planta anual relacionada con otras especies cultivadas del género Lathyrus.
Es un cultivo especialmente interesante porque combina varias características que los agricultores han valorado durante siglos: es rústica, tiene pocas exigencias de fertilización, tolera condiciones de cultivo difíciles y puede desarrollarse en zonas donde otros cultivos tienen problemas.
La literatura agronómica internacional destaca precisamente su tolerancia a sequía, frío, determinados suelos y otras condiciones de estrés. También se considera una leguminosa fijadora de nitrógeno, por lo que forma parte de los cultivos que pueden incorporarse a rotaciones para mejorar el aprovechamiento del suelo.
Además, la almorta tiene una larga historia agrícola en España. El inventario del MAPA señala su utilización tradicional como alimento, forraje y cultivo dentro de las rotaciones con cereales, además de su empleo como abono verde.
Es, por tanto, mucho más que una planta curiosa para probar en el huerto, podéis conseguir semillas de almorta aqui.

¿Cuándo sembrar almortas?
Una de las grandes ventajas de la almorta es que es un cultivo de estación fresca.
La época concreta dependerá mucho del clima de nuestra zona.
En lugares con inviernos suaves podemos realizar una siembra de otoño, de manera que las plantas se desarrollen antes de que lleguen los fríos más intensos. En zonas donde las heladas sean más fuertes, una alternativa tradicional es esperar al final del invierno, cuando haya pasado el periodo de mayor riesgo.
El propio MAPA recoge precisamente estas dos posibilidades: siembras tempranas de otoño en determinadas condiciones y siembras al final del invierno después de las heladas más severas.
Esto es importante porque muchas veces buscamos una fecha universal para todos los cultivos, cuando en realidad el clima de nuestro huerto manda mucho más que el calendario.
Si vivimos en una zona de inviernos suaves, podemos adelantarnos. Si nuestro terreno queda cubierto de heladas intensas durante semanas, será más prudente esperar.
¿La almorta soporta el frío?
Sí. Y precisamente esa es una de sus características más interesantes. La almorta está adaptada a condiciones relativamente frías y puede soportar determinadas situaciones de frío mejor que muchas otras leguminosas. Sin embargo, esto no significa que una planta joven sea inmune a cualquier helada.
Por eso, en zonas especialmente frías interesa buscar el momento adecuado para que las plantas tengan tiempo de establecerse, pero sin exponerlas innecesariamente a los episodios más extremos. La almorta se comporta especialmente bien como cultivo de invierno en determinadas regiones y también presenta una buena tolerancia a la sequía una vez establecida.
Preparar el terreno para sembrar almortas
Una de las cosas que más me gustan de las leguminosas es que no necesitamos convertir el bancal en una despensa de nutrientes antes de sembrarlas.
La almorta es relativamente poco exigente y puede crecer en suelos de fertilidad modesta. De hecho, una de las razones por las que históricamente tuvo tanto interés fue precisamente su capacidad para producir en condiciones en las que otros cultivos tenían más dificultades.
Eso no significa que debamos sembrarla en un terreno completamente abandonado.
Lo ideal es contar con un suelo:
- Suelto y fácil de trabajar.
- Con buen drenaje.
- Con materia orgánica.
- Sin compactaciones importantes.
- Con una humedad razonablemente estable.
La especie tiene una tolerancia considerable a diferentes tipos de suelo, incluso a terrenos pesados según las fuentes agronómicas, pero para un pequeño huerto doméstico siempre resulta conveniente evitar los encharcamientos prolongados y mejorar la estructura cuando sea necesario.
En mi caso, como podéis ver en el vídeo, el bancal ya tenía incorporado compost y estiércol de temporadas anteriores. Por eso únicamente fue necesario soltar bien la tierra antes de sembrar.
No necesitamos abonar en exceso.
De hecho, una de las grandes virtudes de cultivar leguminosas es precisamente que establecen una relación simbiótica con bacterias capaces de fijar nitrógeno atmosférico, formando nódulos en sus raíces. Esto no significa que la planta “fabrique fertilizante instantáneamente” para cualquier cultivo posterior, pero sí explica parte de su interés dentro de las rotaciones agrícolas.
¿Hay que remojar las semillas de almorta antes de sembrarlas?
Esta es una de las técnicas que podéis ver en el vídeo.
Antes de sembrarlas, puse las semillas en agua para favorecer su hidratación y facilitar la germinación.
No debemos confundir esta práctica con una obligación imprescindible para cultivar almortas. Una semilla viable puede germinar sin necesidad de realizar este paso. El remojo es una práctica que puede utilizarse para acelerar la hidratación de las semillas, pero el resultado final dependerá también de su calidad, conservación, temperatura y humedad del suelo.
Si decidimos hacerlo, podemos hidratar las semillas durante unas horas antes de sembrarlas y después escurrirlas bien.
Lo importante es no convertir el remojo en una competición por conseguir semillas completamente hinchadas: lo fundamental es sembrarlas posteriormente en unas condiciones adecuadas de humedad y temperatura.
Cómo sembrar almortas paso a paso
Una vez preparado el bancal, podemos hacer pequeños surcos. No necesitamos enterrarlas demasiado.
Como regla práctica, la semilla no debería quedar enterrada a una profundidad exagerada respecto a su tamaño. En el vídeo utilizamos aproximadamente 2-3 centímetros, una profundidad que funciona bien como referencia para esta siembra.
Después podemos distribuir las semillas dejando espacio suficiente para que las plantas se desarrollen sin competir demasiado entre ellas. En el vídeo utilizamos aproximadamente 35 centímetros entre líneas y unos 10 centímetros entre plantas, colocando varias semillas por punto de siembra.
Estas distancias deben entenderse como una referencia práctica para el huerto, no como una cifra universal obligatoria. La variedad, el sistema de cultivo, la fertilidad del suelo y el objetivo de la cosecha pueden modificar la densidad adecuada.
Una forma sencilla de distribuirlas es utilizar el sistema a tresbolillo. En lugar de colocar todas las semillas exactamente enfrentadas en cada surco, desplazamos las del siguiente para que las plantas tengan una distribución más equilibrada. Finalmente cubrimos las semillas con tierra sin compactarla excesivamente y damos un buen riego.

¿Cuánto tarda en germinar la almorta?
En nuestro caso, a los nueve días prácticamente todas las semillas habían germinado, demostrando que, cuando tenemos una buena semilla y las condiciones acompañan, la almorta puede arrancar con bastante rapidez. Pero no debemos tomar esos nueve días como una regla fija pero si algo que nos puede guiar.
La germinación depende de factores como:
- Temperatura del suelo.
- Humedad.
- Profundidad de siembra.
- Calidad y conservación de la semilla.
- Variedad.
- Momento del año.
Si las temperaturas son demasiado bajas, la germinación puede ralentizarse considerablemente. Por eso, más que mirar constantemente el calendario de siembra, debemos observar el suelo y mantener unas condiciones adecuadas de humedad.
Riego de las almortas
Durante las primeras semanas, debemos prestar especial atención al riego. La tierra debe permanecer ligeramente húmeda, pero nunca convertida en un barrizal permanente.
En el vídeo utilizamos riegos ligeros y continuados para mantener esa humedad.
Una vez que las plantas están bien establecidas, la almorta demuestra una de sus grandes virtudes: es bastante resistente y tolera periodos de menor disponibilidad de agua mejor que muchos otros cultivos. Precisamente su resistencia a la sequía es una de las características que ha despertado el interés de los investigadores en los últimos años.
Eso sí, resistente a la sequía no significa que no necesite agua. Durante la germinación y el establecimiento de las plantas debemos procurar que no sufran una falta de humedad prolongada. Y durante la floración y formación de las semillas, el agua disponible puede influir considerablemente en el desarrollo y rendimiento final.
¿Necesita mucho abono?
Y esta es otra de las razones por las que la almorta resulta tan interesante para un huerto ecológico realmente es una leguminosa muy rustica y no necesita excesivo suelo rico en nutrientes
Como leguminosa, tiene capacidad de establecer asociaciones con bacterias fijadoras de nitrógeno y presenta unas necesidades de fertilización relativamente bajas. Si tenemos un suelo bien estructurado y con materia orgánica, no deberíamos necesitar realizar aportes continuos de fertilizante.
Una buena estrategia es trabajar el suelo a largo plazo con:
- Compost maduro.
- Estiércol bien compostado.
- Restos vegetales.
- Abonos verdes.
- Rotaciones de cultivos.
Plagas y enfermedades de la almorta
Otra de las características interesantes de esta planta es su rusticidad. No significa que sea inmune a las plagas o enfermedades, pero históricamente se ha considerado un cultivo bastante resistente y capaz de desenvolverse con pocos insumos.
La mejora genética moderna continúa investigando precisamente estas características. El CSIC, por ejemplo, ha trabajado durante años en variedades de almorta adaptadas a condiciones de cultivo mediterráneas, incluyendo resistencia frente a determinados problemas agronómicos.
Si detectamos pulgones, hongos u otros problemas, actuaremos únicamente cuando sea necesario y procurando siempre favorecer el equilibrio del huerto.
¿Cuándo se cosechan las almortas?
Podemos plantearnos dos aprovechamientos diferentes: la vaina verde o el grano seco.
Las vainas tiernas pueden recolectarse antes de que las semillas hayan madurado completamente, mientras que si nuestro objetivo es obtener semilla seca debemos dejar que la planta complete su ciclo y esperar a que las vainas maduren y se sequen.
Como referencia, el desarrollo puede permitir una primera cosecha alrededor de los tres meses en determinadas condiciones, pero no debemos tomar esos tres meses como una fecha universal. El clima, la fecha de siembra, la variedad y el manejo pueden modificar considerablemente el ciclo.
Una buena señal para cosechar grano seco es que las vainas estén maduras y la planta haya avanzado claramente hacia el final de su ciclo.
¿Qué aporta la almorta?
La almorta tiene un perfil nutricional interesante como leguminosa.
Sus semillas son especialmente ricas en proteínas y almidón, y tradicionalmente han formado parte de la alimentación humana y animal. Las fuentes agronómicas sitúan su contenido proteico en torno al 26-33 % de la materia seca, aunque el valor concreto depende de la variedad y de las condiciones de cultivo.
Precisamente por su rusticidad y por el valor de sus semillas, llegó a convertirse en un alimento fundamental durante épocas de escasez.
Pero aquí tenemos que detenernos.
La almorta no debe consumirse como una legumbre habitual
Este es probablemente el dato más importante que debemos añadir al hablar de la almorta.
Las semillas contienen β-ODAP, un aminoácido no proteico asociado al neurolatirismo. El problema aparece especialmente cuando la almorta constituye una parte muy importante de la dieta y se consume en cantidades elevadas durante periodos prolongados, especialmente en situaciones de malnutrición.
Esta es precisamente la razón por la que la historia de la almorta está ligada tanto a la supervivencia como a determinados episodios de intoxicación.
Durante las hambrunas, una planta extremadamente resistente puede convertirse en una bendición porque produce alimento cuando otros cultivos fallan. Pero si ese alimento termina constituyendo durante meses una parte excesivamente grande de la dieta, sus propios compuestos naturales pueden convertirse en un problema.
El informe científico de AESAN analizó precisamente este riesgo y señala que el consumo ocasional dentro de una dieta variada presenta un escenario muy diferente al consumo elevado y continuado característico de situaciones históricas de hambre. También recoge que determinadas variedades presentan concentraciones menores de ODAP y que procesos como la hidratación y posterior cocción pueden reducir parte de estos compuestos.
Por eso, no debemos presentar la almorta como una legumbre para consumir diariamente ni recomendar experimentar con grandes cantidades.
Cultivarla, observarla y recuperar su conocimiento tradicional es una cosa. Convertirla en un alimento básico de nuestra dieta es otra muy diferente.

¿Y por qué merece la pena cultivarla entonces?
Precisamente porque el huerto no debería ser solamente una fábrica de tomates.
Cultivar almortas nos permite recuperar una especie tradicional, conocer mejor las leguminosas, experimentar con nuevos cultivos y comprender cómo funcionaban los sistemas agrícolas de nuestros antepasados.
Además, estamos hablando de una planta que reúne unas características especialmente interesantes para una agricultura de bajos insumos: resistencia, rusticidad, capacidad de adaptación, tolerancia a la sequía y fijación de nitrógeno.
Y existe además un renovado interés científico por recuperar este cultivo. Es decir, aquella legumbre que muchos consideraban olvidada vuelve poco a poco a despertar interés.
Cultivar almortas: un resumen rápido
| Tarea | Recomendación |
|---|---|
| Época de siembra | Otoño en zonas suaves o final de invierno en zonas frías |
| Ubicación | Preferentemente soleada |
| Suelo | Suelto, fértil y con buen drenaje |
| Profundidad | Aproximadamente 2-3 cm como referencia práctica |
| Distancia entre líneas | Unos 35 cm como referencia del cultivo mostrado |
| Distancia entre plantas | Alrededor de 10 cm como referencia |
| Riego inicial | Ligero y frecuente para mantener humedad |
| Después de establecerse | Cultivo relativamente resistente y de bajo mantenimiento |
| Abonado | Moderado; evitar excesos |
| Cosecha | Vaina verde o grano seco |
| Consumo | Siempre ocasional y teniendo en cuenta el contenido de ODAP |
Una leguminosa para recuperar en nuestros huertos
Hay algo especialmente bonito en recuperar cultivos que estuvieron a punto de desaparecer de nuestras huertas.
La almorta no es solamente una semilla.
Es parte de la historia agrícola de muchas regiones, una planta que ayudó a superar épocas de escasez y que todavía conserva unas características agronómicas muy interesantes. El propio inventario español de recursos fitogenéticos destaca su importancia histórica, su rusticidad y su papel tradicional en las rotaciones.
Y cultivarla en casa tampoco requiere hacer nada extraordinario.

Preparar un pequeño bancal, sembrar las semillas a poca profundidad, mantener cierta humedad durante la germinación y dejar que la planta haga su trabajo. Eso es, en realidad, lo bonito de estos cultivos.
Eso sí: si decidís probarla en vuestro huerto, hacedlo como un cultivo más dentro de una alimentación variada y no como una legumbre para consumir habitualmente. La almorta tiene una historia fascinante, pero también unas particularidades alimentarias que debemos respetar.
Y después de verla crecer, florecer y formar sus vainas, probablemente entendáis por qué durante siglos nuestros agricultores decidieron guardar sus semillas año tras año.
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