El avellano es un arbusto que normalmente crece en climas templados, sin embargo puede llegar a resistir temperaturas de hasta 8 grados bajo cero. Sus ramas son muy utilizadas como «bastones» o «palos para caminar» por excursionistas y peregrinos en su paso por la montaña ya que son fuertes, crecen rectas y una vez secas son muy ligeras.

Es un arbusto de hoja caduca que en su desarrollo puede alcanzar de 3 a 10 metros de altura, además tiende a crecer de forma expansiva a partir de nuevos brotes que se desarrollan en su base con facilidad. Por este motivo se suele utilizar como arbusto decorativo para separar diferentes zonas del jardín y dar sombra. Además, es un árbol muy tolerante a la contaminación, por lo que es habitual verlo en zonas próximas a caminos o carreteras.

Las flores del avellano aparecen antes que las hojas, normalmente a principios de primavera, y son monoicas, es decir, hay flores masculinas y flores femeninas. Las primeras tienen forma alargada y pueden llegar a medir hasta 12cm de longitud, en cambio las flores femeninas aparecen al final de los brotes y apenas son apreciables por el ojo humano.

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El fruto del avellano es la avellana, una semilla que se encuentra protegida por una cáscara y que, hoy en día, es uno de los frutos secos más consumidos, tanto cruda como tostada. Tiene sabor dulce, es rica en flavonoides (que ayudan a mejorar la circulación de la sangre) y en ácido oleico (al igual que el aceite de oliva). Como te cuento en el vídeo que tienes más abajo, las flores tardan hasta ocho meses en cuajar y convertirse en avellanas, pero si has probado una avellana natural, estarás de acuerdo conmigo en que merece la pena la espera.

El aceite de avellana se emplea en cosmética para el cuidado de piel y cabello, y su madera se puede utilizar como carbón vegetal. Además, como sus ramas son flexibles, también es posible usarlas para elaborar cestas.

Actualmente en muchas plantaciones de gran tamaño o en grandes explotaciones comerciales se opta por cultivar los avellanos con un único pie o tronco principal, dando a este arbusto la apariencia de un árbol. De hecho, en la mayoría de las plantaciones que utilizan este tipo de formación injertan el avellano sobre un patrón que no rebrota, para evitar que se desarrollen sierpes de nuevos avellanos en la base. Con este sistema es más fácil mecanizar la poda y cosecha.

A mí, personalmente me gusta más el avellano formado como arbusto, su tendencia a expandirse hace que sea una forma natural de separar espacios y un arbusto perfecto para integrar en un bosque comestible. En el siguiente vídeo te enseño como podar los avellanos correctamente para que su desarrollo sea vigoroso y se formen arbustos productivos:

Si te animas a plantar un avellano, te recomiendo hacerlo en el exterior, en un lugar en el que tenga suficiente espacio para desarrollarse, a pleno sol o en semi-sombra, con un suelo ligeramente ácido y bien drenado. Recuerda aplicar los consejos que te comento en el vídeo para que tenga un buen desarrollo.

Como curiosidad te contaré que en muchos países se plantan avellanos para cultivar trufa, y es que estos hongos forman una buena asociación con las raíces del arbusto.

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